La historia

Todo empezó con una idea

El origen de esta historia está ligado al litoral de Torredembarra, un enclave excepcional de la Costa Daurada donde conviven fondos arenosos, praderas de fanerógamas (como la Posidonia oceanica) y formaciones rocosas naturales conocidas como antines. Estas estructuras calcáreas actúan como refugio y punto de conexión para numerosas especies mediterráneas. Sin embargo, la presión humana, la degradación de los hábitats y la pérdida progresiva de biodiversidad hicieron evidente la necesidad de actuar.

Miquel Rota empezó a observar cómo el mar colonizaba estas pequeñas estructuras. Su intuición era sencilla, pero poderosa: si se ofrecía al mar el material adecuado y una estructura parecida a los fondos naturales, la vida volvería.

Durante años, Miquel experimentó con rocas de carbonato cálcico procedentes de antiguos sedimentos marinos del Mioceno. Aquellas primeras pruebas con biòtops más pequeños demostraron que la roca de carbonato cálcico podía convertirse rápidamente en refugio, zona de cría y punto de encuentro para peces, invertebrados y organismos marinos.

De una prueba artesanal a una visión compartida

La idea de construir un gran arrecife submarino nació oficialmente en 2007. Miquel Rota junto con Oriol Milà, oceanógrafo y Capitán del Puerto de Torredembarra, crearon la Associació Antines e impulsaron una propuesta mucho más ambiciosa: crear un gran arrecife submarino capaz de funcionar como una auténtica montaña de vida.

Oriol Milà desempeñó un papel clave en la viabilidad técnica y estratégica del proyecto, promoviendo su desarrollo desde el puerto y ayudando a convertir una visión ecológica en una infraestructura real.

Antes de construir, hubo que estudiar. Durante años se analizaron ubicaciones, corrientes, fondos marinos, hábitats cercanos y posibles impactos.

El objetivo no era simplemente hundir piedras en el mar. Era crear una estructura que se integrara en el ecosistema, conectara hábitats naturales y ayudara a recuperar biodiversidad mediterránea.

La gran obra

En 2023, la idea empezó a tomar forma. Durante tres meses, el Puerto de Torredembarra se convirtió en la base de una obra marina sin precedentes en la zona. Camiones, grúas y embarcaciones transportaron miles de toneladas de roca calcárea hasta el punto elegido.

El 16 de enero de 2023 comenzaron oficialmente los trabajos. Durante tres meses se movilizaron alrededor de 38.000 toneladas de roca de carbonato cálcico procedente de una cantera cercana de sedimentos fósiles marinos del Mioceno. La logística implicó aproximadamente 1.600 camiones y más de 120 salidas marítimas de una embarcación gánguil encargada de transportar y depositar las rocas en el punto de instalación.

El resultado fue una auténtica montaña submarina de 22 metros de altura, situada entre los 35 y los 13 metros de profundidad, con 90 metros de longitud y 60 metros de anchura. Su base tiene dimensiones comparables a un campo de fútbol y su altura equivale aproximadamente a un edificio de cuatro plantas.

Proteger sin dañar

El Biòtop está construido con roca de carbonato cálcico de origen marino, procedente de antiguos sedimentos fósiles. Este material no se eligió al azar: su composición y textura favorecen la colonización de organismos marinos.

La estructura se colocó estratégicamente entre hábitats naturales de roca, las antines, para actuar como un puente ecológico. Un nuevo punto de conexión donde las especies pueden refugiarse, alimentarse, reproducirse y desplazarse.

Con el apoyo de BMW Group se instalaron diez biòtops adicionales alrededor de la estructura para crear un sistema ecológico de fondeo y señalización mediante boyas de superficie.

Gracias a ellos, las embarcaciones pueden amarrarse sin lanzar anclas sobre el fondo marino. Así, El Biòtop queda protegido y, al mismo tiempo, se evita dañar los hábitats que lo rodean.

Mapa de ubicación

Conoce la historia desde el punto de vista de los creadores

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